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Midas Experience (by Lozada Viajes)


Un ciego viaje al centro del corazón


Comenzaba a esconderse la tarde del jueves 4 de mayo y las maletas guardadas, las alfombras atiborradas de color y los bártulos musicales más extraños llegados desde Rosario llenaron de Medio Oriente a la neoclásica Estación Mitre, donde en épocas teñidas de blanco y negro funcionó el restaurante de la mítica estación de trenes de la ciudad de Córdoba.


     

     


Cuando el reloj se acercó a las 7 y media de la tarde, el gran telón rojo se abrió y los más de cien aventureros pudieron ingresar al lugar que los llevaría, con sus sentidos, a darle la vuelta al mundo. La mirada de soñadores emprendedores, experimentados viajeros y apasionados comunicadores se iluminó con el misticismo de los espacios cuya paleta cromática recordaba a la multicromática India, el rincón con tibios tés especiados maridados con frutos secos, y el sensible contraste con las sillas vestidas de blanco que acompañaban el estilo francés de aquel edificio perfectamente restaurado, hoy Patrimonio Cultural de la Ciudad.


     


Prontamente, la Luna avisó que, llegadas las 8 de la noche, debía cerrarse la puerta principal. Entonces ya, frente al público expectante, Guillermo Cuello comenzó agradeciendo en nombre de todo Lozada Viajes la presencia de los variados asistentes, quienes quizás pospusieron importantes compromisos o hicieron oídos sordos a las bocinas del tráfico que atormentaba las calles, sólo para cumplir con su promesa de atreverse a una experiencia que había sido crípticamente explicada para guardar la gran sorpresa que pronto se develaría.

     

Iván Topolevsky, un coleccionista de emociones de viajes que desde hace veintiséis años ayuda a miles de soñadores a cumplir su deseo de conocer tierras y mares únicos, continuó con una breve presentación donde habló, desde su sentir, sobre la razón de ser de King Midas como un grupo humano de alquimistas de destinos exóticos, y de la Midas Experience como el crisol donde se fusionarían culturas lejanas de una manera muy diferente. 

Sin más, se entregaron antifaces negros que cubrieron cada uno de los ojos del gran salón, para permitir que los demás sentidos despertaran del profundo sueño en que son sumergidos por la vorágine diaria.


      

Todos los parlantes de la vieja estación comenzaron a hablarle con sonidos a los oídos, en un comienzo algunos indescifrables, pero que fueron cobrando sentido lentamente y transportándonos a distintos y nítidos lugares, como a un apacible cauce de un río –mientras con silenciosos pasos sobre las pequeñas venecitas traídas del viejo continente alguien nos acercaba el aroma a flores y un pequeño viento nos despeinaba suavemente– o a un caótico atasco en medio de una ciudad superpoblada donde un protagonista hablaba chino fluidamente. La puesta se completaba con colaboradores dispersos en todo el lugar que, con pequeños artefactos, generaban sonidos que recreaban una experiencia envolvente para cada destino a donde los creadores quisieron llevarnos.


     

     

     

     

     

     

Cuando todo parecía haber colmado nuestros sentidos, una voz femenina con un dulce acento a país tropical, nos informó que habíamos arribado a la India y nos invitó a descubrir nuestro rostro para disfrutar de lo que fue una puesta musical diferente a las habituales. 

Sobre el escenario, cuatro músicos sentados sobre una gran alfombra y con instrumentos que no se ven en nuestras tierras interpretaron diferentes composiciones indias que capturaron la atención de todos y llegaron a cada rincón del lugar.

Cuando aquella música se detuvo e Iván, Director de King Midas y también uno de los cuatro músicos, dio por finalizada da la experiencia, los aplausos ensordecieron las últimas palabras del orador. 


     

     

Si bien la música, los sonidos y los aromas de la experiencia fueron los mismos para todos, es innegable que cada uno de los invitados vivió la Midas Experience de manera diferente. Para alguno que quizás había tenido un día laboral arrasador y estaba ansiosamente expectante, la vivencia fue un brusco freno emocional. Para otro, que tal vez esperaba tranquilamente ser seducido, vivió cada detalle de la performance y, por momentos, no supo si estaba despierto o sumido en un ensueño difícilmente descriptible. O, inclusive, para algún alma que estaba atravesando un momento movilizante, la experiencia pudo haber resultado sensibilizadora para cada palpitar de su corazón.

Midas Experience fue una montaña rusa sensitiva que, sin duda, no pasó desapercibida en ese jueves de cada espectador de la comunidad de Lozada Viajes.