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Experiencias Viajeras

Crónica de dos varillenses descubriendo China


Por Valeria Luna
(Colaboradora de Lozada Viajes Las Varillas)

 

Nuestro anhelado deseo de conocer la Muralla China un día despegó desde Ezeiza y, luego de veintidós horas recorriendo el cielo -y un día caminando Dubái en el medio-, el avión de Emirates tocó el inigualable suelo en Pekín.


La capital de China es una de las ciudades más pobladas del mundo y, a penas nos bajamos del bus que nos llevaba al Centro, pudimos ver esos datos de enciclopedia en nuestra realidad: miles de personas moviéndose a nuestro alrededor en autos, motos y tuk tuk por todos lados y en simultáneo. Las personas cruzando la calle sin esperar que esos vehículos se detengan completan terminan de convertirla en una ciudad caótica y vibrante. 

También advertimos que los chinos que se esfuerza realmente por sostener su tradicional cultura: cuando buscábamos restaurantes de comida típica de otros países, nada aparecía en el paisaje; o tratábamos de hablar en inglés y ellos nos contestaban sólo en chino. 

Viviendo Pekín en el día a día, aprendimos que no sólo se diferencia por sus casitas de faroles rojos y pequeños templos tradicionales, sino que tiene una cultura muy diferente, inclusive por costumbres cotidianas que para nosotros serían absolutamente impensables: gritar, escupir, empujar o colarse.

Visitar aquella ciudad fue una aventura llena de mitos y leyendas en cada minuto del día. Su principal atractivo turístico es la Ciudad Prohibida, una fortaleza donde habitaron emperadores durante quinientos años y que hoy funciona como museo. Para recordar: primero, no ir los lunes, porque está totalmente cerrado; segundo, es el único lugar donde piden pasaporte o identificación para adquirir el boleto de ingreso.

Los próximos tesoros culturales a descubrir fueron el Palacio de Verano y el Templo del Cielo, a donde los emperadores acudían para orar y pedir por una buena cosecha.

Así, conocimos toda Pekín por nuestra propia cuenta: caminamos sus grandes avenidas y angostas calles, y los conocidos hutongs, las tradicionales viviendas tradicionales chinas donde se tiene una vida anclada en el pasado. La mayoría de casas no tienen baños, por lo que hay baños públicos en cada esquina en la ciudad. 

Y finalmente llegó el gran día en que salimos hacia la Gran Muralla desde Pekín.


       


A unos 60 km de la ciudad capital, la forma más económica y simple de llegar era con un tour y guía privado. La belleza de la escena completa nos impresionó hasta lo más profundo, y aún más si dimensionábamos el contexto histórico donde se construyó y en el que estábamos exactamente. El serpenteo de la muralla se perdía en la distancia y subimos inmensos escalones para lograr la mejor vista. Fue una experiencia increíble, con un día luminoso y despejado. Un momento perfecto.

Luego de haber vivido la experiencia de conocer una de las 7 Maravillas del Mundo Moderno y volvimos al hotel felices, con una gran sonrisa y la satisfacción de haber cumplido nuestro sueño.